miércoles, 2 de diciembre de 2015

ARENA Y SAL




            
   …A mamá le gusta la playa; a mi hermana también…pero a mí no, como a papá…él prefiere levantarse temprano para ir al puerto, volver con pescado fresco de la lonja, y desayunar al mediodía en el patio leyendo el periódico tranquilamente. Todas las noches me promete que a la mañana siguiente le acompañaré, y me guiña un ojo cómplice mientras me arropa, y yo pongo cara de creerle aunque sé que mamá, como todo el mes de agosto y antes de las once, me obligará a ponerme el bañador sin hacerme la remolona, y a darme prisa rebuscando entre los juguetes que me voy a llevar para hacer un castillo más grande…claro que papá, como es mayor puede hacer lo que le dé la gana, y yo no quiero enfadarme con él porque se pone triste…ya no nos cuenta esas historias de marineros valientes y monstruos gigantes que se tragan las olas, ni nos lleva de la mano al paseo cuando anochece para saltar a la luna de espuma…y yo me enfado, y lloro mucho cuando mamá insiste que se nos hace tarde y papá no dice nada...aunque las tres sabemos que aprieta los dientes con rabia, y que rompe las esquinas de algunas hojas del periódico por no levantarse, y sin mirarnos se queda allí, balanceando la pierna cruzada sobre la otra sin hacer ruido, casi sin respirar...y yo tengo que conformarme con su silencio para callar mi llanto, y me rindo en mi protesta dando la mano a mamá, que siempre la tiene fría...entonces mi hermana empieza a hacer tonterías y me hace reír, y me convence entre gestos de burla y cruce de ojos que hoy no me dejará sola cuando lleguen los primos, y que seré la primera en recibir las atenciones de mamá en la ducha...porque me pica la sal y la arena y me dan ganas de salir corriendo, y mamá, me tiene que buscar debajo de alguna sombrilla, o meterse otra vez en el agua y sacarme a la fuerza, soltando su retahíla de regañinas, como dice la abuela, y soltando algún que otro pescozón que se le escapa...aunque a mí no me importa porque luego, debajo del chorro dulce que significa el fin del castigo, mamá me acaricia restregándome suave sus manos por cada rincón de piel por donde se haya podido esconder el último escozor...pero entonces allí está él, aquel hombre del albornoz azul, sonriendo con una mueca bobalicona, y pendiente de cualquier movimiento que hace mamá...y yo quiero marcharme ya cuando se acerca como si nada y empieza a susurrar cosas al oído de mamá, que sigue a lo suyo, pero también sonríe y se pone tonta...como sí de repente le diera vergüenza no estar vestida o bien peinada...y mi hermana se convierte en victima de unas bromas que a mi no me hacen gracia, aunque a ella le hagan partirse de la risa y así entre carcajadas y miradas absurdas, yo echo de menos a papá...y pienso en su espera para comer juntos, sentarme a su lado sin sol y con la ropa seca y escuchar sus frases parecidas a las de ayer, pero nunca iguales...por que algunas no se lo que quieren decir, pero es como si tuvieran eco y punta, y se clavaran en el aire...aunque hay cosas que no entiendo, nadie las explica y mama no contesta...permanece tranquila y seria, como si estuviera sorda, y solo se dirige a nosotras para que terminemos el plato sin rechistar...luego mi hermana y yo nos vamos a la habitación, tenemos que echarnos la siesta, pero yo no puedo dormir...así es que abro la puerta y escucho por una rendija algún grito que llega desde la sala, luego una palabra que es pecado y el portazo...y vuelve el gusano en la tripa al descubrir las lágrimas y los suspiros de mamá otra vez, ella no soporta que la veamos así, por eso no me acerco, ni la abrazo, ni siquiera se entera que estoy detrás...como aquellas navidades que yo estaba enferma y ella creía que estaba en la cama…también hubo gritos, y palabras que eran pecado y más portazos...por que en invierno, en la casa de la ciudad, mamá tampoco es feliz...pero no sé si lo intenta, por que a veces por las tardes después de darnos la merienda, desaparece sin despedirse, atusándose la alegría en el espejo de la entrada...y es que se pone muy guapa y se pinta mucho...le preguntamos y nos dice muy contenta que va con las tías a tomar una limonada, o de compras aunque cuando vuelva no traiga paquetes, ni bolsas, ni regalos...y papá se pone nervioso, por que deja de fumar su pipa y cierra el libro que está leyendo para asomarse una y otra vez por la ventana y no estarse quieto, y mi hermana le dice que tenemos hambre y él se arrasca la cabeza, y nos mira como si no nos conociera...entonces llega mamá, y papá regresa de su mundo pero con la frente arrugada y cara de malo...y mamá propone salir los cuatro a tomar un helado, y papá protesta...y nosotras brincamos y damos palmas cuando mamá prepara los vestidos de flores y las sandalias blancas...y se va el gusano de la tripa, y se me olvida la pena de mamá, y las malas pulgas de papa...y me acuerdo de lo bueno que es el niño Jesús cuando le rezo y le pido que todo vuelva a ser como antes de esas Navidades tan feas, y que el verano que viene papá se venga a la playa con nosotras...y que el señor del albornoz azul se muera...


                                                                            

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